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Inauguración del Parque Carmen Rivas Llorente

Miércoles 9 Marzo 2011

El Ayuntamiento de Logroño ha dedicado un espacio en el barrio de Cascajos, en la calle Lope de Vega entre Servillas y Juan Boscán, a la ginecóloga logroñesa Carmen Rivas Llorente, fallecida el pasado mes de enero a los 88 años, en homenaje a su trayectoria profesional y humanitaria.

Carmen Rivas Llorente estudió Medicina en la Universidad de Valladolid, licenciándose en 1946 y se especializó en Obstetricia y Ginecología por la Universidad de Lovaina (Bélgica) en 1949. Más tarde sintió la invitación para acudir al entonces Congo exbelga, posteriormente Zaire, y actualmente conocido como República Democrática del Congo.

En este país permaneció desde mayo de 1950 hasta el año 1973, trabajando en distintos hospitales, como Ginecólogo-obstetra pero también como Médico General, cirujano, o directora de diferentes Hospitales que ella misma había conseguido equipar. Trabajó en diversos Hospitales de Bukawu (Kiwu) atendiendo una gran cantidad de población en una zona selvática, entre el parque Nacional de Ruindi y el volcán de Ruwensavi. Dejó el Congo en 1973, al comenzar a ser sustituidos los médicos extranjeros por médicos nativos congoleños.

En 1973 regresó a Logroño, obteniendo una plaza de Jefe de Sección de Ginecología y Obstetricia en el entonces Hospital San Millán, que desempeñó hasta su jubilación.
A lo largo de su vida ha pertenecido de forma continuada a varias ONGs, siendo socia fundadora de la Asociación Pro-Infancia de la Rioja (APIR), de la Comisión Ciudadana Anti-Sida de la Rioja, del Comité de Solidaridad con el Africa Negra (COSAN), que inició movida por su continua preocupación por la situación de ese Continente, en el que le hubiera gustado morir.

Ha sido responsable de Cooperación Internacional de Caritas Diocesana de la Rioja, y miembro de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo de la Rioja (CONGDCAR). En su trabajo en Caritas Diocesana, participó activamente en la elaboración y control de los Programas de dicha entidad en la República Dominicana, viajando anualmente a dicho país desde 1999 al 2006, para el seguimiento de los mismos. También ha sido fundadora de la Asociación Anacaona, para ayuda al Desarrollo con la R. Dominicana.

Por lo que respecta a su participación en la Comisión Anti-Sida de la Rioja, participó activamente en charlas de divulgación sobre prevención de transmisión sexual de VIH y otras ETS, en población general, jóvenes, profesionales, personal voluntario y trabajadores de la Comisión, y muy especialmente en trabajadoras sexuales, con diferentes encuentros sobre esta materia.

Del Comité de Solidaridad con Africa Negra (COSAN), Carmen fue su promotora en la Rioja, y su responsable, desde su creación hasta hace pocos años. Participó en las reuniones nacionales de coordinación de los diferentes Comités, en la redacción del Boletín Umoya, y con 80 años apoyó presencialmente una marcha internacional que tuvo lugar en la R. Democrática del Congo, el año 2002 para exigir la pacificación en ese país.

En resumen, la vida de Carmen ha sido de un constante trabajo por los demás, en unos momentos trabajando activamente en Africa. En otros, participando en los diferentes organismos de concesión y evaluación de Proyectos, o poniendo en marcha organismos de apoyo a países empobrecidos. Su tarea se reconoció con la concesión del premio de Solidaridad de Cooperación Internacional del Gobierno de la Rioja a título individual en 2008.

Carmen Rivas debe servir de ejemplo para muchas personas que, cada día más, se preguntan acerca de cómo emplear su tiempo, su trabajo, sus medios económicos: trabajando por el bienestar de los demás. No importaban los años ni la debilidad física. Su única pena ha sido no poder dedicar sus últimos años de su vida trabajando en Africa, una de las pasiones de su vida.

"Carmen era una persona normal, con sus virtudes y sus defectos, como cualquiera de nosotros. En uno de nuestros viajes a R. Dominicana, en una de las organizaciones que visitamos, había una cita de Albert Einstein que decía: “La vida puede llegar a ser peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se quedan sentadas a ver lo que pasa”. Recordó su amigo Joaquín Yangüela.

Y eso fue lo que distinguió a Carmen: que no se quedó sentada. Basada en unas firmes creencias religiosas, se decidió a entregar su vida donde lo creyó más conveniente en cada momento. Primero en el Congo, luego en Logroño. Y no importaban los años o que las fuerzas le flaquearan, ella siempre estaba dispuesta a trabajar donde le necesitaran.

Carmen nos ha dejado una enseñanza clara: no podemos quedarnos sentados a esperar que el mundo mejore. Todos somos necesarios, aunque nuestra contribución sea mínima. No importa la edad, la salud, la condición económica, social, religiosa, o racial. Cualquiera puede contribuir al bienestar de sus semejantes. No hace falta ser héroes. Simplemente, ser solidarios. Todos podemos trabajar por conseguir mejorar este mundo, por hacerlo más humano, más solidario, más justo.



congdcar
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