Internacional
La comunidad internacional debe convertir sus promesas en acciones para acabar con la hambruna en el Cuerno de África
Thursday 13 October 2011 - 14:28A tres meses de la declaración de la hambruna, las ONG españolas que trabajan en la zona se han reunido con periodistas que cubren la región con el objetivo de hacer un balance, apuntar retos y exigir responsabilidades.
Madrid, 10 de octubre de 2011. En diciembre del año pasado las alarmas sonaron; la situación en el Cuerno de África se estaba deteriorando y todo apuntaba a que una crisis alimentaria estaba a la vuelta de la esquina. Los sistemas de alerta temprana para evitar este tipo de crisis humanitarias funcionaron pero la comunidad internacional hizo poco por evitar la primera hambruna del S.XXI -vergonzosa, tal como la califican las ONGD españolas.
Tres meses después de esta declaración, la situación continúa siendo compleja. La peor sequía en 60 años, la subida del precio de los alimentos, la falta de inversión en desarrollo en las zonas afectadas y el conflicto de Somalia, han obligado a las familias pasar de comer tres veces al día a comer una, ya que dedican el 70% de sus ingresos a la alimentación. Las ONG coinciden en afirmar que el acceso a las comunidades en Somalia es extremadamente difícil y eso está provocando que en el último año se haya pasado de 350.000 personas en riesgo de muerte a 750.000. La previsión de la temporada de lluvias para el próximo año se prevé escasa, lo que hace temer que la situación pueda empeorar en los próximos meses.
Paz para volver a sus casas
A pesar de la gravedad de los datos, las ONGD coinciden en destacar capacidad local para aprovechar las oportunidades y las historias de lucha humana por la vida que se ven en los campos de refugiados de la zona. Recién llegada del Cuerno de África, Emilia Sánchez, de Intermón Oxfam, afirma que "hay muchas ganas de salir adelante; lo que la gente refugiada quiere es paz en su país para volver a sus casas y asegurar un futuro a sus familias". "Es importante -señala Carmen Cabotá, de Cáritas- que contemos historias esperanzadoras, iniciativas que la gente local está llevando a cabo para recuperar sus medios de vida". En los campos de refugiados (algunos de ellos con más de 20 años de vida) se han creado negocios e iniciativas agrícolas que permiten que las familias tengan ciertos recursos.
Malnutrición extrema
Para Monste Escruela, de Acción contra el Hambre, la situación en los campos de Etiopía es tan extrema que podría decirse que se trata de "campos de desnutridos". "En algunos casos -afirma- llegan familias enteras desnutridas". Aunque el número de personas refugiadas que llegan al campo de Dadaab por día ha disminuido de 1.500 a 600, la situación continúa siendo muy precaria. Por otra parte, -comenta M. Escruela- hay dificultades para investigar las necesidades de la población, fotografiar el entorno y difundir la información. Eso hace que no podamos conocer realmente lo que está ocurriendo en muchas zonas de la región y, por tanto, limita nuestra capacidad de actuación.
Uno de los colectivos más vulnerables es el de menores de 18 años que suponen el 70% de la población refugiada. Frido Pflueger, del Servicio Jesuita a Refugiados (que trabaja con Entreculturas), explica la importancia de que los niños y niñas vayan a la escuela. "Cuando acuden a los colegios, se encuentran en un lugar seguro, además se les incentiva intelectualmente y se les educa para el futuro. La protección que se les ofrece en la escuela no es solo temporal, sino también a largo plazo".
Responsabilidades políticas
Las ONGD coinciden en la necesidad de exigir que los compromisos políticos asumidos se cumplan. Hay planes concretos que no se están poniendo en marcha como el apoyo a los sistemas agrícolas en la región, el control de los precios de los alimentos o la puesta en marcha de reservas de alimentos regionales, nacionales y locales que funcionen de manera efectiva. Las ONGD dan de nuevo la voz de alarma: si se cumplieran los acuerdos internacionales y se escucharan los sistemas internacionales creados para alertar de situaciones de este tipo, no seguiríamos asistiendo a la primera hambruna del S.XXI.
Tres meses después de esta declaración, la situación continúa siendo compleja. La peor sequía en 60 años, la subida del precio de los alimentos, la falta de inversión en desarrollo en las zonas afectadas y el conflicto de Somalia, han obligado a las familias pasar de comer tres veces al día a comer una, ya que dedican el 70% de sus ingresos a la alimentación. Las ONG coinciden en afirmar que el acceso a las comunidades en Somalia es extremadamente difícil y eso está provocando que en el último año se haya pasado de 350.000 personas en riesgo de muerte a 750.000. La previsión de la temporada de lluvias para el próximo año se prevé escasa, lo que hace temer que la situación pueda empeorar en los próximos meses.
Paz para volver a sus casas
A pesar de la gravedad de los datos, las ONGD coinciden en destacar capacidad local para aprovechar las oportunidades y las historias de lucha humana por la vida que se ven en los campos de refugiados de la zona. Recién llegada del Cuerno de África, Emilia Sánchez, de Intermón Oxfam, afirma que "hay muchas ganas de salir adelante; lo que la gente refugiada quiere es paz en su país para volver a sus casas y asegurar un futuro a sus familias". "Es importante -señala Carmen Cabotá, de Cáritas- que contemos historias esperanzadoras, iniciativas que la gente local está llevando a cabo para recuperar sus medios de vida". En los campos de refugiados (algunos de ellos con más de 20 años de vida) se han creado negocios e iniciativas agrícolas que permiten que las familias tengan ciertos recursos.
Malnutrición extrema
Para Monste Escruela, de Acción contra el Hambre, la situación en los campos de Etiopía es tan extrema que podría decirse que se trata de "campos de desnutridos". "En algunos casos -afirma- llegan familias enteras desnutridas". Aunque el número de personas refugiadas que llegan al campo de Dadaab por día ha disminuido de 1.500 a 600, la situación continúa siendo muy precaria. Por otra parte, -comenta M. Escruela- hay dificultades para investigar las necesidades de la población, fotografiar el entorno y difundir la información. Eso hace que no podamos conocer realmente lo que está ocurriendo en muchas zonas de la región y, por tanto, limita nuestra capacidad de actuación.
Uno de los colectivos más vulnerables es el de menores de 18 años que suponen el 70% de la población refugiada. Frido Pflueger, del Servicio Jesuita a Refugiados (que trabaja con Entreculturas), explica la importancia de que los niños y niñas vayan a la escuela. "Cuando acuden a los colegios, se encuentran en un lugar seguro, además se les incentiva intelectualmente y se les educa para el futuro. La protección que se les ofrece en la escuela no es solo temporal, sino también a largo plazo".
Responsabilidades políticas
Las ONGD coinciden en la necesidad de exigir que los compromisos políticos asumidos se cumplan. Hay planes concretos que no se están poniendo en marcha como el apoyo a los sistemas agrícolas en la región, el control de los precios de los alimentos o la puesta en marcha de reservas de alimentos regionales, nacionales y locales que funcionen de manera efectiva. Las ONGD dan de nuevo la voz de alarma: si se cumplieran los acuerdos internacionales y se escucharan los sistemas internacionales creados para alertar de situaciones de este tipo, no seguiríamos asistiendo a la primera hambruna del S.XXI.
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